2010-11-14

Siegbert Franklin - Espacio de Arte Antonio Pérez. Centro San José - GUADALAJARA -ES












luZes do eQuador
Siegbert Franklin, Fortaleza1957
Texto:  Francisco Lara Mora

Este artista cearense (nacido en el Estado de Ceará), hijo de padre paulista (Estado de Sao Paulo) –cuyos padre y madre eran del Amazonas-, nieto de ingleses e indios, cree que tal vez de sus orígenes le venga el interés por la cultura primitiva de los pueblos indígenas.

 La vida artística de Siegbert comienza en los años 70, cuando Brasil vivía bajo el gobierno de la dictadura militar que duró hasta el año 1985, su trabajo tenía mucho que ver con el arte conceptual, ligado a verbalizar las cuestiones sociales. Tuvo la influencia de artistas como Bené Fonteles, que tiene una obra muy interesante en esa área.  Si bien, ante todo, se considera dibujante en el sentido de cómo utiliza la línea en sus trabajos, desde siempre ha usado la técnica del collage, interesándose por la basura tecnológica como elemento para crear y el diseño gráfico.
 “luZes do eQuador” es una exposición viva en la que Siegbert Franklin viene trabajando desde 1978, desde que hiciera su primera exposición de la serie en el Centro de Cultura Germánica de la Universidad Federal de Fortaleza (Brasil). Y más tarde fue expuesta en el prestigioso MASP (Museo de Arte de Sao Paulo).
 El encuentro entre la civilización indígena y la nuestra es el tema central de la muestra. Imágenes del día a día de las comunidades indígenas, frente a otras cotidianas de nuestra civilización, que nos remiten  valorar cuestiones de educación ambiental y preocupación ecológica, entre otros muchos aspectos.
 Los dibujos que presenta son un contrapunto al rigor de la máquina; tal vez una tentativa de polarizar los dos sentidos que subyacen en  la muestra, el tecnológico frente al gesto más natural, el trazo, sin más recurso que el papel y  la línea. El autor afirma que  no tiene la pretensión de discutir el soporte como medio de expresión,   su intención es apenas realizar un ejercicio de su pleno lenguaje plástico que es sin duda el dibujo. Las obras son un especie de hilván entre el dibujo, el ordenador y su trabajo de últimos 15 años, como técnica mixta que son, en ellas usa todos los recursos que van desde la más simple línea del dibujo al uso de la materia, sea a modo de collage, veladuras u otras técnicas.
 La exposición  es un homenaje a Orlando y Cláudio Villas Bôas, de los que Siegbert dice poéticamente “me iluminaron en la búsqueda de estas Luces que brillan aunque tenuemente bajo la línea del Ecuador”.

LOS HERMANOS VILLAS BÔAS Y EL PARQUE INDÍGENA XINGÚ
Los hermanos, (Leonardo (1918 – 1961), Cláudio (1916 – 1998) y Orlando (1914 – 2002), establecieron contacto con 18 tribus indígenas que hasta 1943 apenas habían visto gente del mundo exterior. Quedaron fascinados, pero también se dieron cuenta de que los indios eran muy vulnerables; con la invasión de sus tierras por el hombre blanco, seguramente desaparecerían, diezmados por las enfermedades y la destrucción de su cultura.
La única solución, pensaron los hermanos, era presionar al Gobierno de Brasil para que creara una gran reserva en los bosques amazónicos, aislada del resto del mundo, donde los indefensos indígenas podrían ser trasladados. Lanzaron una campaña en todo el país que condujo a la creación del Parque Nacional Xingú en 1961, una reserva de 25.000 kilómetros cuadrados situada en el Estado de Mato Grosso. Trasladaron a varios grupos indígenas a este territorio relativamente seguro.

Actualmente, viven en el  área de Xingú, aproximadamente 5.500 índios de catorce etnias diferentes pertenecientes a  las cuatro grandes familias lingüísticas indígenas do Brasil: Carib, Aruak, Tupi, Jê. Centros de estudio, inclusive la UNESCO, considera que ese área es el  más bello mosaico lingüístico puro de  Brasil. Las tribus que vivem en La  región son: Kuikuru, Kalapálo, Nahukuá, Matipú, Txikão (Ikpeng) -todos de tronco carib-, Mehináku, Waura, Yawalapití -tronco Aruak-, Awetí, Kaimaiurá, Juruna, Kayabí -tronco tupi-guarani-, Trumãi, -lengua aislada-, Suiá -tronco Jê-; también han vivido en el parque los indios Panará (Kreen-akarore), los Menbengokrê (Caiapó) y Tapaiuna. Creado el Parque Indígena do Xingu, em 1961, Orlando Villas Boãs fue nombrado su administrador General.

En el  ejercicio de esa función, La posibilidad de  mejorar la asistencia al indio, garantizar la preservación de la fauna y de la  flora de la región, reactivar los Puestos de asistencia. Aunque como administrador del Parque, Orlando Villas Bôas, favoreció la realización de estudios de etnología, etnografía e lingüística a investigadores no sólo  nacionales,  sino también de  universidades extranjeras. Autorizando, además, la filmación de  documentales sobre  la vida de los indios, dio margen a un valioso acervo audiovisual. La épica emprendida por los hermanos Villas Boas es  uno de los más importantes y  polémicos episodios da antropología brasileira y de la  historia indígena. La concepción del  Parque Indígena de Xingú, los costes para su implementación y sus drásticas consecuencias, el constante ataque de madereros y latifundistas, las políticas indigenistas del Estado brasileiro son temas importantes para la reflexión sobre el significado de toda esta experiencia.
 El propio Orlando Villas Bôas, que visitó la exposición luZes do eQuador en Sao Paulo, escribía en 1999 sobre Siegbert: “...crea un recuerdo del momento psicológico de la Santa Cena, donde la figura  presente del redentor es sustituida por un indio. En la primera, Jesús se despide y perdona, en la segunda, el indio, aunque no sabiendo lo que viene a ser perdón, entrega el destino de su gente a la saña conquistadora de los nuevos dueños de la tierra.”

DOS CIVILIZACIONES
 En palabras del artista brasileño Bené Forteles, “Siegbert reinventa la historia de dos civilizaciones contraponiendo sus valores y asumiendo una posición crítica sobre el comportamiento de una, en detrimento de otra. Así, la pureza de la cultura del indio en sus destinos y vivencias es comparada a la fragilidad y a la opresión de la nuestra, basada en el exterminio de nuestros propios semejantes y de aquellos que representan todavía la última hipótesis de la verdadera harmonía del ser humano en la naturaleza: el indígena.”
 El título de la exposición, fue elegido por el autor en un sentido mitad místico, mitad chamánico. Una de las imágenes más simbólicas de la exposición es la representación de la evolución, Siegbert coloca un soldado americano con un pedazo de ser humano, en la guerra de Vietnan, tratándose de una foto que ganó diversos premios, y la fotografía de un indio sosteniendo algunos peces. Organizando la evolución de forma invertida. Aunque el autor reconoce que el conocimiento tecnológico invalida la posibilidad de volver atrás, considera que los valores culturales indígenas deberían ser repensados y remirados, con una visión más sutil.
 Siegbert cuenta como se apropió de las imágenes indígenas, interesado por las mismas pero sin tener referencia de quienes eran fotografiados en las ellas. Y como Orlando Villas Boas al visitar su exposición se emocionó hasta la lágrima y le contó que aquellas personas eran íntimas para él y que el indio colocado en el lugar de Jesús, mediante collage, era Tacumá, el Chamán más importante del Alto de Xingú. Lo que el autor desconocía.
 Otra obra muestra la construcción de una taba indígena, en su opuesto contrasta la construcción de un centro empresarial en una ciudad. Mientras el indio construye en armonía con la naturaleza, el hombre llamado civilizado construye destruyendo la naturaleza, menospreciando el paisaje en función de los logros. Continuando con otra serie de ejemplos de formas de comportamiento y costumbres de culturas diferentes, en la que una devora a la otra sin piedad.
 Así mismo, en palabras de Bené Forteles, “Siegbert traza un paralelo que nos parece a veces violento, pero que, por su forma, cada vez más habitual, la descaracterización  y aculturación del indio se procesa sin el derecho de vivir dentro de su verdad ecológica, y sí entre abusos y falta de respeto a la misma. …El indio es un ejemplo de luz, de claridad, por eso, luZes do eQuador es una propuesta de ensanchar esta luz, denunciando las tinieblas que vienen del mal espíritu de los que aún no creen y ni siquiera conocen la intimidad de la naturaleza.”
En definitiva, esta exposición es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos, responsables en muchos casos si no por acción seguro que por omisión, de la evolución de esta cultura clasista y materialista ejemplo de violencia; no solo física, sino que despliega  toda una gama de violencias que van desde la racial, religiosa, sexual…a la económica  que es la que subyace tras las otras formas y  que de nuestra cultura, adalid de los derechos humanos, más difícil será extirpar.

 ARTE EN TIEMPOS DE CRISIS (DE VALORES)
 Vivimos un momento histórico de transformaciones graves y cada vez más aceleradas. Un mundo en crisis genera el cambio global, con altas cotas de azar e incertidumbre. Ni siquiera un colapso socio-ecológico de dimensiones mundiales está excluido. Atravesamos una problemática que es ecológica, pero también política, económica, cultural y social; y que afecta directamente al bienestar humano. Los modelos de desarrollo inadecuados son en gran parte causantes de esta crisis: nos corresponde ser artífices de las soluciones. Se está viendo mermada la diversidad biológica y cultural que constituye la garantía más firme de nuestras perspectivas de futuro: las lenguas y las palabras desaparecen incluso a un ritmo superior a la extinción de especies.
 “luZes do eQuador” pretende facilitar la reflexión sobre la actual coyuntura, siendo su temática,  ahora más que nunca, cabecera de la actualidad. ¿Qué puede aportar la creación artística a la construcción de esta nueva mirada?
 Afrontar el cambio requiere de miradas creativas que nos permitan interpretar lo que vemos y reconstruir los lazos que unen a las personas entre sí y con la naturaleza.  Las nuevas ópticas se nutren de visiones científicas y artísticas complementarias, capaces de mostrar y alumbrar nuevos esquemas de pensamiento mestizo que nos enseñen a vivir enraizados en la tierra, respetándola y pisando ligeramente sobre ella.
 Seguimos sin afrontar el conflicto básico entre finitud de la biosfera y nuestros sistemas socio-económicos en expansión continua, impulsados por la dinámica de la acumulación del capital. Estamos ante la crisis de la codicia, el resultado acelerado del gobierno de lo individual frente a lo colectivo.
 Es necesario trabajar con la memoria y los saberes de los pueblos. Desde ellos, imaginar un futuro diferente será el primer paso para construirlo. La consciencia de nuestra ignorancia es importante, porque nos indica lo que no sabemos y nos obliga a aprender desde la incertidumbre. Aprender haciendo, hacer aprendiendo, supone no alterar irreversiblemente la dinámica de la vida natural y social.
 Las personas podemos recuperar desde el arte el valor intrínseco de la vida, los bienes comunes, los nexos de reciprocidad, la gratuidad de los intercambios, las múltiples formas de resolver problemas sin pasar por el mercado… Todas las culturas tradicionales saben que demasiado de lo bueno puede convertirse en malo: pero a la cultura occidental, aquejada de tecnolatría y mercadolatría, le falta ese conocimiento básico.
 Unas artes reorientadas hacia la sostenibilidad contribuirían a redescubrir el camino medio, apreciar el tamaño óptimo de cada proyecto y situar el concepto filosófico de  la alteridad en el corazón de nuestra cultura.
 Francisco Lara Mora,
comisario de la exposición.
Fortaleza (Brasil), noviembre de 2009